Press "Enter" to skip to content

La gloriosa soledad de una tribu

En el fútbol hay muchos clichés que, aunque tienen sentido, cuando se dicen en voz alta nunca representan toda su profundidad. Uno de ellos es que “el equipo empieza por el uno”. Lo sé, muchos dirán que sí, que no, que es verdad – pero seamos sinceros, ayer nadie se sentó a ver a Sommer o a Szczęsny, todo el revuelo es por Yamal, por Olmo, por Lautaro y por otros. Es lógico: en el fútbol el objetivo es el gol, y los partidos lindos son los 4-3, no los 0-0.

Pero hay momentos en los que, incluso si te metieron 3, te convertís en la razón por la que hasta el más desprevenido de ayer entiende que el fútbol es un deporte de 11 jugadores, y que el ataque y la defensa –sobre todo desde 1992 en adelante– los incluye a todos. Son esas noches como la de ayer, en las que las bolitas caen así nomás, y el uno se vuelve héroe, y con él sube también un 5%-10% el porcentaje de pibes que deciden ponerse abajo de los tres palos, en una ciudad, en un país, a veces en todo el planeta.

Lo paradójico es que mientras el jugador creativo es responsable de su arte, el arquero “necesita” que su obra empiece con otro. Ese remate de Yamal tenía que ser perfecto para que alguien se diera cuenta de lo absolutamente perfecta que fue la atajada de Sommer. Incluso en la otra salvada, donde estaba tirado hacia su derecha y terminó atajando a quemarropa en el centro-izquierda, el primer comentario de la transmisión fue: “la tiró al cuerpo de Sommer”.

Existe una desvalorización progresiva de las posiciones en el fútbol, a medida que uno va delantera hacia defensa, pero el salto en la subestimación de esta posición es un poco mayor que en las demás, quizás porque si pocos han jugado alguna vez al fútbol y entienden lo que pasa en la cancha, aún menos se han puesto bajo un arco de 7 metros, que se ve interminable frente al cuerpo humano.

Y sin embargo existen esos héroes que lo llenan, los eternos outsiders de las 4 líneas y los 3 palos. Forman una tribu propia dentro de la gran tribu del fútbol, visten otros colores, usan guantes, entrenan solos, pero son futbolistas… y a veces son ellos los que ganan por los demás.