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Newell’s Old Boys – El hemisferio rojinegro de Rosario

El 3 de noviembre de 1903, el Anglo-American Commercial College de Rosario fundó su club de fútbol, dando vida así al sueño de su fundador, Isaac Newell, quien tenía la pasión de inculcar en sus alumnos y en la población de la ciudad su propia devoción por el fútbol, el deporte que había traído consigo desde su tierra natal.

Isaac Newell, un joven indomable del condado de Kent, dejó su país a los 16 años en busca de un camino diferente y para perseguir un sueño desconocido al otro lado del Atlántico. Llegó a Argentina en un barco de carga y pasajeros acompañado de algunos conocidos de su padre, y tras un largo recorrido, su destino final fue la ciudad de Rosario. Allí, con una carta de recomendación de su padre, consiguió trabajo como telegrafista, mientras continuaba sus estudios.

A los 23 años se casó con Anna Margareth Jockinsen, con quien obtuvo el título de profesor de inglés en el Colegio Anglicano en 1878. Ese mismo año nació su hijo, Claudio Lorenzo, y posteriormente la familia tuvo otros cinco hijos. En 1884, Isaac Newell compró un terreno en Rosario, financiado con un préstamo del Banco Provincial de Santa Fe, con el propósito de fundar el Anglo-Argentine Commercial College. El Colegio Comercial fue el primero de su tipo en la ciudad que no era exclusivamente un establecimiento católico.

En el plan de estudios del colegio, Isaac insistió en la inclusión y promoción de la educación física, acercando a innumerables alumnos al fútbol y convirtiéndolos en portadores de esta tradición. Así se plantó la semilla que, en 1903, llevó a los egresados del colegio a fundar su club de fútbol. Los colores del colegio, y posteriormente del club, fueron el rojo, en honor a la patria de Isaac, Inglaterra, y el negro, en referencia a la tierra natal de su esposa, Margareth, Alemania.

En 1907, poco después del fallecimiento del fundador del club, se aprobó oficialmente el estatuto, en el cual se adoptaron los colores del colegio y se decidió su nombre: Newell’s, en honor a su fundador, y Old Boys, siguiendo la tradición inglesa de denominar así a los clubes creados por exalumnos de colegios.

Por esa misma época, una invitación del hospital Carrasco—que en aquel entonces funcionaba como un centro de tratamiento de la lepra—para que los futbolistas del recién fundado Newell’s Old Boys asistieran a un encuentro en apoyo a su labor, en lugar de la otra gran institución de la ciudad, Rosario Central, terminó otorgando al club el apodo que lo acompaña hasta hoy: los leprosos.

La trayectoria de Newell’s Old Boys comenzó en el campeonato local de Rosario en 1905. Desde esos primeros años, la ciudad quedó completamente dividida en dos bandos irreconciliables: el azul y amarillo de Central y el rojo y negro de Newell’s. Esta rivalidad adquirió un carácter muy distinto al de los clásicos de cualquier otra ciudad, pues ambas instituciones lograron captar prácticamente a toda la población.

Por ejemplo, en Buenos Aires, el clásico más importante, el superclásico, es el Boca-River. Sin embargo, en la capital hay muchos otros equipos en la máxima categoría y también otros clásicos históricos, como el de Avellaneda entre Racing e Independiente, lo que deja una parte importante de la población futbolera (es decir, casi toda la ciudad) en una posición neutral o incluso indiferente. Pero en Rosario no hay neutrales: todos son de Central o de Newell’s. Esta realidad llega a niveles de locura que afectan profundamente la vida social, especialmente en los días previos y posteriores al clásico.

Dado que ambas instituciones participaron en la liga rosarina por casi tres décadas, hasta la creación del campeonato nacional en 1939, su enfrentamiento definía también a los campeones. Es revelador que, entre 1905 y 1930, en los años amateur del torneo, Newell’s conquistó 11 títulos, Central 9, mientras que solo 3 quedaron en manos de Tiro Federal y uno en Belgrano. Con el inicio del profesionalismo, la dinámica se mantuvo: en los ocho años que los equipos principales disputaron el torneo, Newell’s y Central ganaron seis títulos, mientras que Central Córdoba logró conquistar dos. Posteriormente, ambas instituciones continuaron en la liga rosarina, pero con sus equipos de reserva, ya que su prioridad pasó a ser el campeonato nacional de Primera División.

Desde 1939 hasta hoy, Newell’s ha sido uno de los clubes protagonistas en la Primera, acumulando una cantidad de puntos que lo ubica en la séptima posición de la tabla histórica, solo por detrás de los cinco grandes y de Vélez Sarsfield. Esto significa que, en términos históricos, es el mejor equipo del país fuera del área metropolitana de Buenos Aires.

Antes de la creación del campeonato nacional y la profesionalización de la categoría, Newell’s fue uno de los clubes que sentaron las bases de la identidad futbolística argentina. Su aporte en la consolidación del estilo de juego basado en la destreza individual, que llevó a la selección nacional a obtener grandes logros en la era previa al Mundial, quedó reflejado en sus resultados internacionales, con un hito inolvidable: la histórica goleada 4-0 ante el Real Madrid, el 17 de julio de 1927.

Entre los logros internacionales de Newell’s previos a la creación de los torneos de clubes de la Conmebol y la Copa Intercontinental, destaca sin duda su gira por Europa en 1949-1950. Durante ese viaje, disputó 14 partidos, ganando 9 y empatando 3, con un balance de 40 goles a favor y 18 en contra. Entre los triunfos más resonantes están el 3-1 contra el Athletic de Bilbao, el 4-1 sobre la selección de España, el 5-0 frente al Benfica y el 2-0 ante el poderoso Rot-Weiss Essen de la época.

Durante los años de la Primera, las condiciones para los equipos fuera de Buenos Aires fueron extremadamente difíciles. Además de otros obstáculos, debían jugar muchos más partidos como visitantes, con largos y complicados viajes, lo que generaba una desventaja estructural. Es revelador que desde la creación del campeonato profesional en 1939 hasta 1966, solo los cinco grandes lograron conquistar títulos. Esta racha se rompió en 1967 con la consagración de la Estudiantes de Zubeldía. Hasta entonces, el clásico rosarino seguía siendo un asunto regional.

Newell’s ha sido un equipo de impresionante regularidad en la máxima categoría. Solo pasó tres temporadas en la Segunda División, entre 1960 y 1963. De hecho, tras su primer descenso, logró inmediatamente el ascenso de vuelta, pero la comisión disciplinaria de la AFA, en una decisión que nunca se explicó del todo, le descontó 10 puntos a los líderes, impidiéndoles el regreso a la élite. A pesar de ese golpe, ese mismo año Newell’s tuvo la oportunidad de jugar un amistoso contra el legendario Santos de Pelé, en un partido que terminó en empate, demostrando el alto nivel del equipo.

Con el clásico rosarino marcando su historia, el primer gran partido de Newell’s en el ámbito nacional fue la semifinal del Torneo Nacional de 1971. Sin embargo, el destino quiso que el rival en ese momento histórico fuera, una vez más, Rosario Central. Finalmente, Newell’s quedó eliminada con un gol de Aldo Pedro Poy, cuya icónica palomita (cabezazo en plancha) inmortalizó el término en el fútbol argentino. Para mayor desgracia, Central terminó ganando el campeonato, consagrándose en la final jugada en el estadio de Newell’s.

La revancha y el primer gran título llegaron tres años después. En el Torneo Metropolitano de 1974, Newell’s se clasificó como líder de su grupo para el cuadrangular final, donde se enfrentaría a Boca Juniors, Huracán y su eterno rival, Central. Este mini torneo a tres fechas definiría al campeón.

El 26 de mayo, los dos equipos de Rosario ganaron: Newell’s venció 3-2 a Huracán y Central superó 3-1 a Boca. En la segunda jornada, Newell’s derrotó a Boca por 0-1, mientras que Central cayó 1-0 ante Huracán. Así, el clásico en la última fecha definiría todo: a Newell’s le bastaba con no perder para asegurar el título.

El 2 de junio, en el estadio de Central, que en aquel entonces se llamaba Estadio de los Canallas (más tarde rebautizado como Gigante de Arroyito), los locales se adelantaron con goles de Arias y Aimar. Sin embargo, Newell’s reaccionó y descontó con un gol de Capurro, hasta que llegó el momento culminante: un zurdazo histórico de Zanabria, considerado uno de los mejores goles en la historia del club, selló el 2-2 definitivo y le dio a Newell’s su primer título nacional.

En aquel equipo, jugando como mediocampista por derecha, estaba un futbolista que más tarde haría una destacada carrera en el fútbol griego: Juan Ramón Rocha.

Al año siguiente, Newell’s participó por primera vez en la Copa Libertadores, en el Grupo 1, donde se enfrentó a equipos de Argentina y Paraguay. En su debut, el 28 de febrero, el rival fue (¿quién más?) Rosario Central, en un partido que terminó 1-1. Las dos escuadras rosarinas volvieron a empatar el 21 de marzo, con Newell’s cerrando su participación en la fase de grupos con 3 victorias, 2 empates y 1 derrota, mientras que Central sumó 2 victorias y 4 empates. Ambos equipos quedaron igualados con 8 puntos, pero la mejor diferencia de gol le dio la clasificación a Central, que avanzó a las semifinales.

El siguiente título de Newell’s tardó en llegar y hubo que esperar hasta la temporada 1987-88, cuando se disputó un torneo de formato anual, para ver nuevamente al equipo en la cima. Aquella temporada, Newell’s logró algo histórico, ganando el campeonato con una ventaja de 6 puntos sobre San Lorenzo (en el sistema de 2-1-0), con un plantel y un cuerpo técnico compuesto íntegramente por jugadores surgidos de su cantera. Sin embargo, la época más gloriosa del club aún estaba por llegar…

En el otoño de 1988, el campeón Newell’s tuvo una destacada actuación en la Copa Libertadores, con un joven delantero llamado Gabriel Batistuta en la delantera. Tras avanzar desde el Grupo 2 y asegurarse el primer puesto en un desempate contra San Lorenzo, enfrentó en la segunda fase a Bolívar de La Paz. En esa serie, cada equipo ganó su partido como local por 1-0, por lo que la clasificación se definió en penales, donde Newell’s se impuso.

En la tercera fase, los cinco equipos clasificados junto al Peñarol (que, como campeón defensor, ingresó directamente en esta etapa) formaron las llaves de cuartos de final. En esa instancia, Newell’s empató en Montevideo, pero perdió 2-1 en Rosario. A pesar de la derrota, avanzó a semifinales como el cuarto mejor equipo de la fase, gracias a haber convertido dos goles más que Peñarol.

En semifinales, se enfrentó nuevamente a San Lorenzo y con dos triunfos, 0-1 y 2-1, se metió en la gran final. En la ida, jugada nuevamente en la cancha de Central, Newell’s ganó 1-0, pero en la vuelta, disputada en el Centenario de Montevideo, cayó 3-0, perdiendo así la oportunidad de conquistar su primer título internacional.

En 1990, sin embargo, llegó al banquillo de Newell’s el entrenador del equipo de reserva, un exdefensor del club en la década de 1970: Marcelo Bielsa. Bielsa, una figura inmensa que ya había llamado la atención por su enfoque intelectual del fútbol, recordando a Menotti (quien, paradójicamente, había iniciado su carrera como entrenador en… Central), implementó ideas innovadoras. Entre ellas, la utilización de un líbero y nueve jugadores distribuidos equitativamente en el campo, formando un inusual 1-3-3-3 que se convertiría en su sello distintivo.

En aquel equipo de Bielsa, el rol de líbero lo desempeñaba un joven de 18 años, Mauricio Pochettino, a quien el técnico había llevado consigo desde las divisiones juveniles de Newell’s. La temporada 1990-91 terminó con otro triunfo histórico, ya que Newell’s conquistó el Torneo Apertura de 1990 y luego, en la final anual que definía al campeón de la temporada, venció a Boca Juniors en la ida… ¡en el Gigante de Arroyito! Con un 1-0 como visitante, cayó por el mismo marcador en la Bombonera, pero se impuso en la tanda de penales con las ejecuciones acertadas de Berizzo, Llop y Zamora, asegurando así el título y la clasificación a la Copa Libertadores.

En la Copa Libertadores de 1992, bajo la dirección de Bielsa, Newell’s obtuvo el primer puesto en el Grupo 1. En los octavos de final eliminó a Defensor de Uruguay y en los cuartos de final volvió a enfrentarse a San Lorenzo, al que destrozó con un 0-4 en el partido de ida como visitante.

En semifinales, tras dos empates 1-1 contra América de Cali, el partido de vuelta en Colombia se definió en una extenuante tanda de penales, donde Newell’s se impuso por 11-10, asegurando así su pase a la gran final. En el duelo por el título enfrentó a São Paulo, logrando una victoria por 1-0 en el Coloso (esta vez jugando en su propio estadio). Sin embargo, en la vuelta cayó por el mismo marcador en Brasil y terminó perdiendo el título en los penales, por 3-2.

A pesar de la dura derrota en la final de la Libertadores, pocas semanas después el equipo de Bielsa conquistó otro título, llevándose el Torneo Clausura de la temporada 1991-92. Este fue el último logro del club con Bielsa en el banquillo, ya que en el verano emigró a México para dirigir al Atlas. Su impacto en la reconstrucción de Newell’s fue tan grande que en 2009, cuando el estadio del club, conocido como el Coloso del Parque, recibió oficialmente un nombre, fue bautizado como Estadio Marcelo Bielsa.

En 1993, otra gran figura, quizás la más grande de la historia del fútbol mundial, vinculó su nombre con la historia de Newell’s. Después de un paso complicado por el Sevilla, Diego Maradona regresó a Argentina y el 7 de octubre jugó por primera vez con la camiseta rojinegra y el número 10 en la espalda. Desde aquel día, el 7 de octubre es el “Día de Diego Maradona” para los hinchas de los “leprosos”.

Años más tarde, Maradona dijo en una entrevista:
“Yo, Diego Armando Maradona, con número de registro 14.276.579, fui, soy y seré ‘leproso’, sin ninguna duda. Porque aprendí a amar Rosario, aunque estuve muy poco tiempo, pero desde donde esté, siempre voy a mirar los resultados de Newell’s. Porque la amo, porque amo al 75% del pueblo de Rosario. Les mando un gran beso a los ‘leprosos’, les digo que los quiero mucho, les digo que los extraño y que voy a volver, voy a volver, porque nadie me puede quebrar. Me llamo Diego Armando Maradona y soy hincha de Newell’s”.

Dos años después, en las categorías infantiles de la academia de Newell’s, llegaría un niño bajito de Grandoli: Lionel Andrés Messi. Su impacto fue inmediato, a pesar de haber sido diagnosticado con un trastorno hormonal que afectaba su crecimiento. El 3 de septiembre de 1999, apareció su primera entrevista en la revista Pasión Rojinegra (Pasión Rojinegra).

Un año más tarde, con solo 13 años, Messi partiría hacia la academia del Barcelona, antes de escribir una historia inigualable en la élite del fútbol mundial, con una carrera que se extendería a lo largo de tres décadas. Muchos años después, en 2020, Messi mostraría la camiseta de Newell’s debajo de la del Barcelona tras marcar un gol, pocos días después de la muerte de Maradona.

Newell’s, a su vez, volvería a encontrar un gran 10 argentino en Ariel Ortega, quien llegaría para devolverle la gloria a nivel nacional con el título del Torneo Apertura 2004. En aquel equipo también destacaban Fernando Belluschi, goleador del campeonato, e Ignacio Scocco, ambos con paso posterior por el fútbol griego. Más adelante, en la temporada 2012-13, en un sistema de torneo más complejo, Newell’s se consagraría campeona del Torneo Final, logrando así su sexto título de liga, el último hasta la fecha.

Entre los numerosos jugadores que vistieron la camiseta de Newell’s, algunas de las figuras más destacadas son Gabriel Batistuta, Gabriel Heinze, Lionel Scaloni, Ariel Ortega, Mauricio Pochettino, Maxi Rodríguez, Walter Samuel, Jorge Valdano y Mario Zanabria, consolidando al club como una de las principales canteras del fútbol argentino. Sin embargo, lo más significativo es la importancia de su academia de formación, ya que muchos de los futbolistas que brillaron con la Lepra en el profesionalismo surgieron de sus divisiones juveniles, reafirmando el carácter de “colegio” que el club ha mantenido desde su fundación y que siempre se refleja en su nombre.